Somos los Güiñas…
En medio del estallido social, cuando las calles se llenaban de cacerolas, rayados y consignas, nació la banda, «Los Güiñas». No fue casualidad: surgimos desde una incomodidad vital, con el impulso de transformar en canción lo que dolía, lo que molestaba y lo que no se decía. Recuerdo que eran tiempos de revuelta social, estaba Piñera todavía ahí arriba, agotado, y esa figura se había vuelto muy repugnante.
En ese contexto, la música dejó de ser solo entretenimiento para convertirse en una herramienta de registro y resistencia. El arte y lo social van de la mano. No creo mucho en ese cuento de que se puede hacer arte sin referirse a lo que pasa. Aunque no lo digas, igual lo estás diciendo, recordemos que incluso el silencio, en un país como Chile, se vuelve político.
El nombre de la banda nació como una crítica directa a la corrupción estructural del país. Se me ocurrió por eso, apuntando justamente a los delitos de cuello y corbata en Chile, explico, y reconozco que con el tiempo también se derrumbó esa vieja autopercepción de ser «los ingleses de Sudamérica». Esa mirada crítica no es una pose, sino el reflejo de experiencias compartidas. Felipe también es profe de música, como varios de nosotros. Somos clase media. Me parece sumamente extraño no tener algún tipo de crítica en esta sociedad. Si todo te parece bien, creo que no estás muy saludable realmente.
Más que rabia, lo que atraviesa nuestras canciones es una incomodidad persistente, una especie de ruido de fondo que nunca se apaga. Chile está muy enojado consigo mismo. Es como tener una astilla en el dedo. Está ahí, molesta. Y aunque no sea tuya, tienes que vivir con ella, eso explica que esta música nazca de esa sensación, no para desahogar rabia pura, sino para entender y comunicar.
Por eso insisto en que Los Güiñas no somos una banda panfletaria, pero sí me interesa que las canciones generen preguntas, no que te den respuestas masticadas. Si cada cinco canciones, una tiene contenido social más fuerte, creo que ese mensaje se digiere mejor. Comunicar requiere estrategia.
Para mí, la corrupción va más allá del dinero y de los escándalos mediáticos. Tiene que ver con el mal uso del poder, con abusar del privilegio. Cuando alguien usa su cargo para protegerse de una investigación, eso también es corrupción, porque lo pusieron ahí para responder a intereses públicos, no privados.
La memoria del estallido social aún me acompaña, especialmente el día en que, viviendo a media cuadra de Plaza de la Dignidad, escuché a la multitud acercarse, salí a ver qué pasaba y la gente estaba cantando El baile de los que sobran. Fue impactante. Había una vibra compartida que pocas veces se percibe. Fue en ese momento que entendí que, aunque uno no se lo proponga, a veces termina siendo parte de una voz colectiva.
Pero, aunque la crítica está presente, el foco de Los Güiñas está en la vida misma. También escribimos sobre el amor, el carrete, las relaciones humanas, el dolor y el placer. El tema del dolor y el placer es cómo lo llevamos cada uno, pero también cómo nos comunicamos con otros a través de esos polos, que parecen opuestos, pero que no lo son tanto.
Por eso, cuando se me pregunta si me siento un vocero del descontento, lo niego sin dudar. No porque no haya descontento en mis canciones, sino porque mi intención no es representar políticamente a nadie. Si realmente me interesara eso, buscaría la Secretaría General de la República. Lo mío es hacer canciones sobre lo que me pasa y lo que nos pasa. Si eso conecta con otros, mejor.
