El ciclo de la (mala) memoria colectiva

En Chile, la corrupción no se castiga: se olvida. Esa es la verdadera ingeniería social detrás de tantos casos que pasan del escándalo a la indiferencia en cuestión de semanas. Lo saben políticos, empresarios y funcionarios públicos: el mejor aliado de tu equipo de abogados será la mala memoria colectiva.

Cada caso que aparece como bomba mediática termina como nota de relleno, si es que merece alguna mención posterior. El tiempo, la complicidad de los medios y la pasividad de la masa hacen lo suyo. El ciclo es simple y cuenta con cuatro etapas bien marcadas: 

Etapa 1: Escándalo en primera plana

Se destapó un contrato trucho, un financiamiento ilegal, un sobre cerrado con billetes. Titulares a todo color: Caval, Penta, sobresueldos, Pacogate, Milicogate, Caso Fundaciones. La indignación hierve. Todo Chile se enoja, titulares, paneles de conversación en matinales y feriantes enojados aparecen en televisión.

Etapa 2: Indignación política y falsas promesas

Los políticos de lado y lado aparecen como lagartijas al sol, vociferando a cuatro vientos sobre lo horrible que es la corrupción, pontificando sobre la honestidad. La guinda de esta torta la ponen las autoridades de turno anunciando el mano dura, investigaciones, sumarios, comisiones y la clásica, querella contra quienes resulten responsables.

Etapa 3: Dispersión Mediática

Un par de meses después, ya nadie recuerda en qué terminó el caso, o si hubo algún resultado en la investigación. El caso Penta acabó con condenas simbólicas. Caval quedó como anécdota de sobremesa. Los sobresueldos, la plata en las paredes del ex alcalde de Vitacura y bueno, ¿alguien se acordará de Daniel López?

Y es que basta con un par de nuevos casos para tapar el anterior. El menú es variado: licencias médicas falsas, fondos públicos desviados, compras directas sospechosas. Confía, porque siempre habrá otro güiña haciendo noticia y ayudará a que lo tuyo se olvide.

Etapa 4: El Reciclaje

La falta de sanciones ejemplares tiene premio: volver a la vida pública, a un cargo de confianza, o simplemente disfrutar de la impunidad. Total, nadie recuerda. Ejemplo práctico: El caso Caval reveló contratos públicos amañados. El Penta, la caja negra del financiamiento político. Los sobresueldos, un robo a mano armada al Estado. ¿Resultado? Un par de renuncias, titulares que ya no se leen y un sistema que sigue funcionando igual.

Porque en Chile, el olvido no es un error, la mala memoria colectiva es casi una política pública pro-güiñas.

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